lunes, 14 de junio de 2010

Capítulo 8: Mi primer día en la Guardia de la Aldea


Mundú se sintió diferente.

Luego de haber dejado Das Dunkel, la aldea de los demonios, lugar de la desesperanza y el terror, Mundú se sintió diferente. A pesar de ser mi hogar, no lo sentía igual que la casa de Demetrius, aquel cubo negro que había aparecido en mis sueños una y otra vez.

Mundú era diferente.

No era mi hogar, mi corazón se encargaba de decírmelo fuertemente con cada latido cerca de mi eterna debilidad. ¿Pero era eso posible? ¿Mundú podía no llegar a ser mi hogar?
Tenía que dejar todo eso atrás por un momento. Mi primer día en la Guardia finalmente había llegado y era hora de enfrentar mi camino.
El cuartel estaba pasando los jardines contiguos al palacio justo al lado del lago Cristal. Un largo sendero que recorría todo el curso del lago te llevaba directamente hacia las entradas principales del cuartel. Estaba tan alejado de la aldea porque muchos de los entrenamientos eran secretos para el resto de los aldeanos comunes.
(...)

-¿Shilana?- me preguntó una voz.

Cuando dirigí mi mirada hacia la persona de la que provenía la voz, me encontré con un masculino de cuerpo fornido, ojos color negro y pelo castaño oscuro. Me estaba mirando detenidamente con una gran sonrisa:

-¿Hay alguna otra femenina?- y me reí débilmente,
-Soy Noah- y me tendió su mano.

Nos estrechamos las manos fuertemente.

(...)

-¡Ah que bueno! ¿Tenes algún familiar en la fuerza?-,
-No actualmente. Mi madre trabaja en la servidumbre real y mi padre fue desterrado-,
-¿Desterrado? ¿Por qué motivo?- le pregunté sorprendida,
-Ofendió a la Reina en un acto… ¿Viste como es Calandra? Lo echó inmediatamente-,
-¿En qué acto?-,
-El vocero de la Reina anunciaba el fallecimiento del Rey Brian y Calandra apareció por el balcón del palacio real para saludar a los aldeanos. Mi padre se paró en una de las estatuas de la Plaza Central y le gritó “Mentirosa. El Rey no está muerto”. Mi madre me contó la iracunda mirada de la Reina y cómo los guardianes se acercaron a mi padre y lo apresaron. Horas después nos enteramos que lo habían desterrado-,
-¿Y no supiste más nada de él?- le pregunté asombrada,
-¿Conoces a Calandra?-,
-Desearía no haberla conocido. Esa criatura me inspira algo extraño, como dentro de mis entrañas. Tiene algo peligroso- le contesté,
-Pienso lo mismo. Calandra no debería ser nuestra reina, ella no pertenece a ninguna realeza. Sólo ascendió como tal por casarse con el Rey Brian-,
-Hay algunos aldeanos que tampoco estaban conformes con su reinado, me contó mi hermano-,
-Es que el Rey Brian en realidad no pertenecía a la realeza de Mundú. Él era descendiente de los Omen, los fundadores de Das Dunkel. Mucha gente no le tenía confianza-,
-¿Das Dunkel? ¿La aldea de los demonios?-,
-Sí, así es-,
(...)

martes, 8 de junio de 2010

Capítulo 7: El cubo negro


(...)
Lo único que sabía era que estaba a salvo. El ambiente aterrador había cesado y ahora uno lleno de protección y seguridad había ocupado cada centímetro de mi cuerpo.
Me levanté lentamente y me di cuenta que estaba acostada sobre una cama. (...) Cuando apoyé mis pies en el suelo pude sentir el frío del mismo y además percatarme que no sólo era el piso sino también el ambiente. Levanté mi mirada y me encontré con una gran abertura en el techo, el único en ese espacio de cuatro paredes, por la cual ingresaba un fuerte frío que te helaba los huesos.
Me acerqué hacia el escritorio para ver qué libros estaba leyendo la criatura dueña de la casa. Títulos como “Dualidad”, “El despertar de un ángel” y “Conexiones repentinas y especiales” se formaron ante mis ojos dejándome más que extrañada. La curiosidad me pudo más y quise leer de qué se trataban pero en ese momento sentí un ruido en la habitación de abajo. El dueño de la casa debía de estar abajo.
Me acerqué a la escalera y lentamente la bajé, escalón por escalón, temiendo qué podía encontrarme debajo de esa casa. Pero en ese instante una nueva sensación ocupó mi cuerpo… El corazón me saltaba alegre, la respiración se me entrecortaba, las venas me ardían…

Mi eterna debilidad.

Y allí se encontraba. Sus grandes alas estaban cerradas pegadas a su espalda, su torso fornido y marcado estaba desnudo. Estaba delante de una enorme biblioteca, sacando libros y poniéndolo sobre una mesa que estaba a sus espaldas, rodeada de sillones de lectura. Al pisar el suelo me percaté de la horrenda celda que estaba a los pies de la escalera, aunque mi mente intentó advertirme, en esa habitación había algo mucho más hermoso que admirar…

-Gracias por salvarme- le dije.

La criatura giró sobre su eje y me miró extrañado. Quise leer en su mirada la alegría o felicidad o algo que me diera la pauta de por qué un demonio me había salvado del ataque de otro de su misma especie.

-¿Qué sos?- volvió a preguntarme,
-Soy Shilana, un ángel perteneciente a la aldea Mundú. ¿Ya te olvidaste de mí?- le pregunté decepcionada,
-¿Por qué?- se preguntó enfadado y volvió a observar la biblioteca.

Seguía preguntándose por qué y continuaba sin decirme qué era aquello que le generaba tanta extrañeza sobre mí.
(...)

lunes, 7 de junio de 2010

Capítulo 6: Enemiga


(...)
El ambiente se llenó de peligro y el miedo no tardó en llegar. Casi imperceptiblemente, unas garras asieron mi cuerpo y taparon mi boca para evitar que emitiera ningún tipo de sonido. Lo único que llegué a ver eran dos criaturas vestidas con un corsé y pollera negra y encima tules del mismo color. La belleza de ambas era impresionante, sus ojos eran de color azul y sus largos cabellos oscuros danzaban en el aire muy lentamente, como si las estuviera viendo en cámara lenta.

¿Qué eran esas criaturas?
¿Nadie veía que un demonio me había agarrado?

Estábamos en el mismo lugar, en la Plaza Central, y nadie era capaz de vernos…
¿Cómo era eso posible?

-Esta vez no te me escapas- dijo el demonio que me tenía asida.

Pero esa voz, a pesar de ser profunda, era de una criatura femenina. Cuando me soltó brutalmente contra el suelo pude verla con mayor claridad.
Su cabellera era lacia de color cobrizo, larga hasta su pequeña cintura. Los ojos eran amenazadores y su tonalidad roja sólo lo incrementaba. Su nariz era pequeña y los labios bien rojos y carnosos. Vestía un pantalón negro y un corsé del mismo color, lo cual le hacía resaltar su blanca piel. Sus manos tenían uñas tan largas que daban la alusión a ser garras.

-¿Qué es lo que queres?- llegué a articular,
-Lo que quiero para vos, es irrelevante. Lo único que tenes que saber es que tu insulsa vida, como la conocías, ha dejado de existir-.

Y luego de esa amenaza una terrible imagen se formó en mi mente…

Mi eterna debilidad caminaba por el denso bosque buscando algo aterrado, su mirada hablaba por sí sola. Sus movimientos eran desesperados, algo había perdido que lo estaba dejando desequilibrado. Su caminar era dificultoso y hasta parecía tener problemas para respirar. A lo lejos pude ver mi propio cuerpo tirado en el suelo, desangrándose y a él sobrevolar la distancia que nos separaba. Me levantaba en sus brazos y lloraba mi pérdida. Luego, una poderosa garra asía su hombro y cuando él giraba para ver de quién se trataba, la misma demonio que me había atacado le incrustó una espada en el pecho y mi eterna debilidad murió…

Mi cuerpo sintió como dos ambientes diferentes se peleaban por predominar. Uno era amenazador, que te helaba los huesos y te sumía en una profunda pesadilla de la cual no podías despertar. El otro era protector, te llenaba por dentro, te relajaba y te hacía vivir un sueño de cristal del cual no querías despertar.
(...)

jueves, 3 de junio de 2010

Capítulo 5: El adiós de Pedro


(...)
Las pocas ganas de presenciar ese evento no me hicieron percatar el aroma faltante de todas las mañanas: el té de mi hermano. El miedo creció en cada parte de mi cuerpo, ¿se había ido?
¡No podía!
Nos queríamos mucho, éramos el soporte del otro… Fue él quien me ayudó todos estos años, quien verdaderamente me crió. No podía irse y mucho menos sin despedirse.
Corrí los pocos pasos hasta su habitación con el corazón en la boca, con el miedo de comprobar que realmente se había ido y que no había tenido oportunidad de decirle al menos adiós. Abrí la puerta violentamente y lo vi armando su bolso, se sobresaltó al verme.

-¡Shilana! No es esa manera de entrar a mi cuarto- me retó,
-¿Pensabas irte sin despedirme?- le pregunté desconcertada porque lo había pensado, de hecho lo hubiera realizado de haberme levantado más tarde,
-¿De qué hablas?-,
-No me mientas, escuché tu conversación con Luxor ayer. Sé que te vas de Mundú-,
-Lo siento, si te lo contaba ibas a tratar de impedirlo- me contestó derrotado, había descubierto su verdad,
-¡No quiero que te vayas, Pedro! ¿Qué voy a hacer sin vos?-,
-No puedo dilatarlo más, Shilana- me contestó con sinceridad,
-¿Por qué no me lo explicaste? ¿Tiene esto que ver con aquello que me prometiste que entendería llegado el momento?- le pregunté acercándome a él,
-Tiene todo que ver con ese momento. Si te lo explicaba, ibas a tomar una decisión equivocada, que en realidad la tomaste igual ayer en el acto de iniciación. Debiste haber hablado conmigo antes de hacer lo que hiciste-,
-¿Cómo vos lo hiciste con tu decisión de irte? -,
-Es distinto. Esto es mi misión, lo que voy a hacer puede cambiar la historia de Mundú. La tuya también-,
-Me voy con vos- le dije decidida,
-No, Shilana, este viaje es solo mío. No sólo por ser mi misión, voy en busca de mi eterna debilidad, mi destino es encontrarla para poder así salvar incluso nuestra historia-,
-¿Qué es esa profecía de la que hablaste con Luxor?-,
-Aún no es el momento de que la sepas-,
-¿Y cuándo lo será?-,
-Llegado el momento lo entenderás. No seas ansiosa, las circunstancias ocurrirán de tal modo que sola llegarás a la respuesta. Ya no puedo estar a tu lado, has cumplido la mayoría de edad. Tu camino ha empezado y yo puedo volver a retomar el mío-,
-¿Y adónde vas?-,
-Eso no puedo decírtelo tampoco. Ya es tiempo hermana, debo irme-.

Pedro se acercó a mí los pasos faltantes y me dio un fuerte abrazo. Sus brazos sostenían lo que en mi interior se derrumbaba, mi hermano y la razón de mis ganas de vivir se estaba yendo de mi lado para quien sabe qué y por cuánto.
(...)