viernes, 29 de julio de 2011

¿Cómo nació "Sentimiento Hostil"?


La escritura tiene lugar en mi vida desde que tengo doce años pero "Sentimiento Hostil" nació luego de un desenlace amoroso.

Todos hemos pasado por ese momento algún día y algunos lo viven como si fuese el fin del mundo. Yo era una de ellas. A pesar de que todos me decían que pasaría, que era cuestión de tiempo, sus palabras eran vacías porque precisamente era el tiempo el que no pasaba, el que costaba asimilar. Llanto y llanto tras día me provocaron la necesidad de escribir.
Mi mente se transportó a un mundo fantástico de criaturas buenas y malas, donde la mentira, la traición, el misterio y el sufrimiento eran moneda corriente.
Así apareció Shilana, un ángel a quien le ocultaban su verdadero origen, cuya madre había fallecido y su padre la trataba de mala manera. Aunque tenía a su hermano, su único sostén.
Pero así también surgió Demetrius, un demonio de la noche, que aparece en la vida de Shilana y todo cambia. Se convierte en su centro de vida pero su relación no iba a ser nada fácil...

"Sentimiento Hostil" es más que un título, es el resumen de la novela. Nadie pensaría al amor como a un sentimiento hostil, excepto los personajes de esta historia. Quise explorar esa otra cara del amor y profundizar en el dolor y el sufrimiento, como así también en la forma de salir de ellos.

Dicho así, la novela parece pesimista y oscura pero aquellos que han tenido la oportunidad y ganas de leerla dirán lo contrario, porque el amor tiene lugar en la historia, ese que llena el alma y trae felicidad a nuestras vidas.

La escritura es mi refugio para esos momentos turbios. Es mi forma de transformar una lágrima en una sonrisa eterna.

miércoles, 27 de julio de 2011

La Prisión del Sufrimiento

Este es un extracto del libro "Pregúntale a Platón" de Lou Marinoff, que usé en el speech que di el día de la presentación de mi libro. Es muy atinado al tema central que trata mi novela.

Se los dejo para que lo disfruten...

Imagine a un prisionero en una celda con barrotes gruesos, en una prisión de muros elevados, con guardas armados por todas partes. La puerta de la celda siempre esta abierta, al igual que la entrada de la prisión, y los guardas están presentes para impedir que las personas entren, pero no salgan.

Sin embargo, el prisionero cree que ésta es una prisión normal y por tanto permanece en la celda, que, de hecho, es bastante cómoda, está bien decorada y dispone de un montón de distracciones para pasar el tiempo.

No está mal para ser una prisión. Pero de hecho este prisionero no es muy feliz, por la sencilla razón de que es consciente de que está encarcelado. Le gustaría escapar y cree que si lo hiciera lograría ser feliz. Pero también considera que la huída sería peligrosa y probablemente imposible, de manera que se queda donde está. El prisionero recurre a otras vías de escape en el interior de la celda: comida, bebida, drogas, sexo, libros, televisión. Todas funcionan pero solo de forma temporal. Estas diversiones también conllevan fantasías de lo maravillosa que debe ser la vida al otro lado de los muros de la prisión, y por tanto el prisionero lamenta lo mucho que se pierde por el hecho de estar encarcelado.

Millones de personas viven en una prisión como ésta. Es la prisión del sufrimiento. Así pues, la persona al igual que el prisionero, intenta aliviar el desasosiego con distracciones tangenciales pensando continuamente que tiene que permanecer en la celda. Pero se trata de un engaño. De hecho tiene la libertad de salir cuando lo desee, basta con que se esfuerce para separarse de los entretenimientos familiares y darse cuenta del camino que se extiende ante ella.